sábado, 30 de junio de 2012

Abuela.


Hoy hablaré de mi abuela. Mi abuela Leo. A decir verdad, se llama Leoncia, pero nunca la ha gustado ese nombre; a veces, mientras se ríe de esa manera tan peculiar solo suya, con las manos en la tripa y echando una carcajada, dice que se llama Leonor “nombre de princesa”.

En lo que se refiere a sus ojos, tiene unas pupilas verdes cual agua estancada de charca, ya desgastados de tanto ver, y de esas odiosas cataratas que la nublan la vista, y la hacen llorar cada vez que la tienen que operar pensando que se va a quedar ciega. Qué le vamos a hacer, es cabezota, igual que yo; de hecho creo que lo he heredado de ella y de mi padre. Nunca la han gustado los médicos, aunque traten de hacer lo mejor para su salud. Cuando se pone enferma por algún simple catarro se puede tirar varios días en la cama, sin apenas moverse, pero siempre en contra de que vaya algún médico a verla.

Siempre la ha gustado contar muchos cuentos de animales. Son innumerables todos aquellos que desde mi infancia me ha contado, todos con su correspondiente moraleja.

Desde pequeña, lleva teniendo una leve sordera por un constipado mal curado, que con el paso del tiempo  y la vejez va aumentando y no es capaz de curarse ni  probando miles de sonotones de diferentes tiendas especiales para sus oídos.

En el ámbito de criticar, es una de las mayores criticonas que puede existir. Es algo que la fascina. Además, no tiene vergüenza de nada. No le importa que a la gente le pueda sentar mal, si cree que eres feo, te lo dirá a la cara. Es uno de sus mayores defectos.

Cuando sale a la calle, a hacer los recados, siempre pregunta “¿se ha dormido hoy alguien?”. La gusta enterarse de todo al instante.

Nunca la ha gustado que la gente comience a no saber valer por sí misma. A mi abuelo, cuando se pone enfermo no es capaz de ayudarle para nada. Dice que lo hace por su bien, para que no se acostumbre y cada vez sea capaz de realizar menos tareas, pero creo que en ese ámbito, es un poco dura.

A veces, con el tiempo, va teniendo algunos lápsus, y se la olvidan momentos exactos…

A pesar de todo, y de mi infancia corriendo con su zapatilla detrás, la quiero.